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En este aniversario de la muerte del Miguel Hernández, se exponen, por vez primera, los cien dibujos localizados en el legado familiar del poeta, cuya autoría le corresponde, y que se encuentran depositados en la Biblioteca Central del Ayuntamiento de Elx. Esta iniciativa se debe al recientemente constituido Centro Hernandiano de Estudios e Investigaciones, en su propósito de ofrecer, un aspecto escasamente conocido de la obra de Miguel Hernández. De acuerdo con el minucioso trabajo realizado por Rafael Navarro Mallabrera, titular de la referida biblioteca, profesor universitario de Historia del Arte y miembro del citado Centro, hasta ahora, apenas si se habían ocupado de los mismos más que Manuel García García, en “ Valencia Semanal” (noviembre de 1978); Francisco Die, pintor e ilustrador de la Elegía media del toro, y de las revistas oriolanas “El gallo crisis” y “Silbo”, quien afirmó: “Los dibujos realizados por Miguel no lo fueron con la intención de publicarlos. Se trata de pequeños e intrascendentes ensayos hechos entonces en mi estudio de Orihuela, cuando yo realicé el “cartelón romancero”, para su Elegía media del toro”. En su exhaustiva introducción, Rafael Navarro se refiere a los recuerdos del humorista Miguel Gila, quien evoca las palabras de Miguel Hernández: “Me mostró un dibujo que había hecho él y me dijo que era para su hijo Manolillo”. Muy posiblemente, estos recuerdos algo dispersos, se articularon, en parte, con la edición, a cargo del profesor José Carlos Rovira, de ”Cuentos para Manolillo”, “donde el dibujo adquiere la misma o mayor importancia que el texto”.

Con todo, no es Miguel Hernández un poeta que dibuja como Alberti, Lorca, Celaya o como Buero Vallejo, en acertada opinión de Rafael Navarro, en tanto en cuanto carece no sólo de una voluntad plástica, sino de una conciencia del lenguaje icónico. En definitiva, todos sus dibujos, salvo uno que goza de total autonomía, iluminan o decoran, más que ilustran, cartas, tarjetas postales y manuscritos poéticos, sin que se advierta relación alguna entre el texto y el apunte gráfico. La mayoría de este centenar de dibujos pertenecen, de acuerdo con la “Obra completa” de Miguel Hernández (Espasa-Calpe, 1992-3v) al periodo y ciclo de “Perito en lunas”; aunque su cronología se inicia en 1933 y concluye en 1941.

El hecho de que investigadores, críticos y biógrafos, se hayan dedicado exclusivamente a su obra y a su vida, sin apenas reparar en este curioso y sugerente repertorio plástico, ha solapado una actividad que, con todo su ingenuismo, nos ofrece otras posibilidades de acceder a un conocimiento más amplio del poeta y del hombre. Justamente tal es el propósito que anima esta singular exposición.